Palabras con sentimiento…
Anonimo.
La Higuera (finales de agosto)…. Los días cada vez son mas cortos y el típico viento otoñal se levanta casi todas las tardes como avisando del final del verano, por las mañanas las golondrinas le despiertan cuando se reúnen en el cable de la luz para preparar su marcha, anoche salió a tomar el fresco por el camino de las casas de arriba para poder observar las estrellas por ultima vez (en la ciudad la contaminación no le deja verlas), empieza a atardecer y la mochila ya la tiene llena de recuerdos, se sube al coche y se pone las gafas de sol para que no le vean derramar la ultima lagrima, antes de llegar a las curvas del estrecho mira hacia atrás y con el color rojizo de los atardeceres manchegos ve como se aleja La Higuera y descubre que sus raíces son mas profundas que las del Chopo que hay junto al lavadero, y se da cuenta que aunque el destino y la vida le lleven lejos ese será siempre su lugar…. El otoño y el invierno son eternos, pero cada noche en la soledad de su habitación cuando cerraba los ojos recordaba aquellos paseos en bici por la pista de la Peñuela, recordaba cuando de pequeño se subía en el rulo de la era y soñaba que montaba a caballo, recordaba a las mujeres acudiendo al lavadero todas las mañanas o Agustín con su furgón vendiendo el pan por las calles…… Pero sobre todo recordaba a las personas que ya no están presentes y un día le enseñaron a querer esta tierra……
9 de Noviembre de 1998
Hoy hace once años que te fuiste, que regresaste a LA HIGUERA y te quedaste alli para siempre, (una enfermedad eligio tu final pero tu decidiste tu destino), aquel triste otoño del 98 en que los arboles de la alameda se secaron y el chopo quedo en soledad recordandote tantas mañanas en el lavadero hiciera frio o calor, recordando aquellos atardeceres llenando el agua en la fuente, aquel triste otoño del 98 en que las calles de La Higuera dejaron de ser de tierra y se cubrieron con el gris melancolico del asfalto, cada rincon de La Higuera nos recuerda a ti, porque tu nos enseñaste a que este lugar fuera el centro de nuestras vidas y aqui empezaran y terminaran todos los caminos, porque desde hace once años este lugar es la zona cero de nuestras alegrias, nuestras tristezas, nuestros recuerdos y nuestras melancolias…. once años despues los arboles de la alameda comienzan de nuevo a nacer y el viejo chopo que algún dia se marchara contempla como otro chopo crece junto a el, pero aunque pasen los años y este lugar sea muy diferente, tu recuerdo permanecera siempre presente en el… NUNCA TE OLVIDAREMOS
Cuento de Navidad.
“La Vieja Pandereta”
Casas de Abajo (La Higuera), principio de los años ochenta… nos reunimos todos los primos y los tíos en casa de los abuelos a celebrar la noche buena, al calor de la lumbre nuestros padres nos cuentan historias de otras navidades, de esos años en que todo se cubría por la nieve y cerca de doscientas personas habitaban el pueblo, ahora ya no nieva como antes (decían los mayores). Yo nunca he visto la nieve y esta navidad como todas las anteriores soñaba con un manto blanco que cubriera las calles, soñaba con poder construir un trineo y lanzarnos desde la cantera, o con hacer una guerra de bolas de nieve por la alameda…
Son casi las doce de la noche y las historias continúan junto a la chimenea, el olor a leña quemada se mezcla con el aroma de las morcillas que están secándose en las chimenea, (hace poco fue la matanza y tienen casi toda la casa llena de embutidos colgando del techo), después de una larga cena preparamos nuestras panderetas y la botella de anís del mono (es curioso que con esta botella se pueda hacer música) para pedir el aguilando, nos abrigamos mucho pues en la calle hace un frío tremendo.
Al salir a la calle la escarcha cubre los coches, el humo de las chimeneas se confunde con la fría niebla invernal, nos sentamos en la puerta de la iglesia para planificar la ruta y decidimos empezar por las Casas de abajo.. la Josefina, la Basilia, la Cloti, en todas las casas nos sacan lo mejor que tienen, yo toco con todas mis fuerzas la pandereta para así conseguir calentar las manos, cuando vamos por la tercera casa ya no podemos comer mas y empezamos a meternos polvorones en los bolsillos.
La una de la madrugada, es muy tarde pero no podemos dejarnos los otros dos barrios, cruzamos las cuestecicas casi a oscuras y alguien del grupo se le ocurre preguntar, ¿Pondrán por aquí algún día farolas como en las ciudades? y otro le contesta ¡sí y bancos por las calles para que tú te sientes !!
LLegamos a las Casas de Enmedio y una de las primeras casas que visitamos la de la Tomasa, (aunque parezca mentira hasta finales de los setenta aquí había una tienda), continuamos la ruta subiendo por la escalera y recorriendo toda la calle sin dejarnos ni una casa…
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Jesus Zornoza