Las Cabañuelas
El que no tenga un viejo que lo compre… (Antiguo refrán)
Es Corral Rubio un pueblo como tantos otros que siempre ha vivido del campo y en ello muchas son las horas que se han dedicado a pensar en lluvias, sequías, pedrizos…
Varios eran los métodos que se utilizaban para pronosticar el tiempo que iba hacer. Uno de los mas conocido eran “las Cabañuelas” que consistía en que llegado el primero de agosto se anotaba, casi siempre en la memoria, los pormenores climatológicos ocurridos en ese día, dado que serían el reflejo de lo que acontecería e próximo año, en su correspondiente mes. El día dos, lo mismo. El día tres, igual. El cuatro, otro tanto. Así, sucesivamente, hasta completar las tornas y las retornas de las dichas cabañuelas, pues:
El día primero de agosto se correspondería con ese mismo mes de agosto.
El día dos de agosto, con el mes de septiembre.
El tres, con octubre.
El cuatro, con noviembre.
El cinco, con diciembre. 
El seis, con enero.
El siete, con febrero.
El ocho, con marzo.
El nueve, con Abril.
El diez, con mayo.
El once, con junio.
El doce, con julio.
A las tornas seguían las retornas, tomando en sentido inverso los meses, que debían confirmar los vaticinios hechos en los doce primeros días del mes. Así el día trece de agosto se correspondía, de nuevo, con el mes de julio.
El día catorce, a junio.
El día quince, a mayo.
El dieciséis, a abril.
El diecisiete, a marzo.
El dieciocho, a febrero.
El diecinueve, a enero.
El veinte, a diciembre.
El veintiuno, a noviembre.
El veintidós, a octubre.
El veintitrés, a septiembre.
El veinticuatro, de nuevo a agosto, como se empezaron.
Una vez confrontadas las tornas y las retornas de cada mes, se determinaba el parte meteorológico del año venidero: si en el promedio de ambos dos días correspondientes a determinado mes primaba la niebla, ese mes sería lluvioso; si la sequedad, resultaría un mes aciago para el campo.